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Alrededor del 85% de los infantes y
niños infectados con el VIH, han adquirido la infección
intrauterinamente, en fase temprana del embarazo o en el periodo
perinatal. Sin embargo, gran parte de la vulnerabilidad de los
niños e infantes ante la infección por VIH, se
relaciona con la presencia de abuso sexual, una de las manifestaciones
del maltrato infantil, el cual se define como : "toda aquella
situación en que incurra una persona consciente de sus
actos, por acción o por omisión, que atente contra
la integridad o altere el normal crecimiento y desarrollo de
una niña o niño en detrimento del desarrollo de
sus potencialidades físicas, mentales y sociales afectando
sus relaciones y desempeño con los miembros de la sociedad".
El abuso sexual se define como: "la utilización de un
menor de edad con la finalidad de satisfacer sexualmente a un
adulto o grupo de adultos". Por otro lado se comprende el "ataque
sexual" a la forma de abuso sexual generado por agresor desconocido
. Para el país, la situación de maltrato resulta
muy seria puesto se reportan cifras de 2’000.000 de niños
maltratados y abusados. Al revisar
las cifras consignadas en el numeral 5.1.3. (Violencia Sexual)
se destaca que más del 50% de los reconocimientos médicos
por delitos sexuales, se practicaron a jóvenes entre
los 5 a los 14 años, y para el caso específico
de los hombres, el segundo grupo más afectado fueron
niños entre 1 a 4 años.
De 7.252 dictámenes forenses a consecuencia
de delitos sexuales, sin incluir los de Santafé de
Bogotá, se encontró himen perforado en 2,893
casos, de los cuales, el 44% pertenecían al grupo de
edad de 10 a 14 años ; en 153 mujeres se encontraron
lesiones anales compatibles con maniobras penetrativas, de
las cuales el 29% fueron en el grupo de 10 a 14 años
y el 37% en menores de 10 años.
Por otra parte, se realizaron 942 dictámenes
en niños y hombres encontrándose lesiones anales
en el 30% ; de estos, el 48% pertenecía al grupo de
5 a 9 años, el 11% era menor de 5 años y el
31% en edad de 10 a 14 años, es decir, que en menores
de 14 años, las lesiones asociadas a penetración
anal fue de 90% . Por último, de 473 víctimas
en quienes en el primer examen se reportaron consecuencias
del acto delictivo, 174 (37%) presentaron infección
de transmisión sexual.
La Defensoría del Pueblo clasifica el
maltrato infantil en : maltrato físico, maltrato emocional,
negligencia y descuido, maltrato social y abuso sexual. El
abuso sexual es conseguido por parte del adulto seductor sobre
la base de expresión de autoridad, a veces enmascarada
bajo la expresión de cariño o mediado por un
regalo. Desde el punto de vista del menor seducido, se encuentran
algunas condiciones que favorecen tal seducción: el
menor es propenso a involucrarse en el juego de seducción;
se mantiene en estado de sumisión frente al adulto
seductor; puede ocurrir que en presencia de carencia afectiva
la seducción forme parte de su búsqueda de afecto;
el menor termina siendo intimidado mediante actos violentos,
físicos, verbales o actitudinales para el mantenimiento
del secreto.
Algunos indicadores físicos de abuso
sexual son: dificultad para caminar o sentarse, molestias
o lesiones genitales, manchas inhabituales en la ropa, infección
urinaria, presencia de cuerpos extraños en vagina o
recto, presencia de ITS., embarazo Precoz.
Desde el punto de vista emocional también
es posible contar con indicadores del abuso sexual, los cuales
son diferentes de acuerdo a la edad del menor; en menores
de 8 años: trastorno de alimentación, alteración
en el patrón de sueño, pesadillas o presencia
de terrores nocturnos, temor a la soledad, ansiedades de separación
incrementadas, trastornos del control esfinteriano, regresión
de lenguaje verbal, compulsión masturbatoria, fijación
de pensamiento y verbalización alrededor de temas sexuales.
Si el niño es mayor de 8 años
sus respuestas psicológicas ante el abuso sexual son
un poco diferentes y se pueden caracterizar entre otras, en:
temor a la soledad o por el contrario aislamiento, dificultad
para sostener la mirada, suspicacia y desconfianza, cambios
afectivos bruscos, pérdida de autoestima, tristeza
o depresión, automutilación o conductas autodestructivas,
gestos o intentos de suicidio, fantasías agresivas,
fijación o evitación a temáticas sexuales,
trastornos de aprendizaje, alcoholismo o farmacodependencia,
fugas del hogar.
La vulnerabilidad de este grupo
se relaciona con:
- Incremento en las tasas de infección
por VIH en mujeres en edad reproductiva.
- Carencia de un programa nacional de tamizaje
para VIH en mujeres gestantes e intervención terapeútica
alas embarazadas infectadas.
- Presencia de abuso sexual, maltrato infantil
y de menores vinculados a la prostitución.
- Dificultad del menor para protegerse o
negociar su protección en el curso de actividades
sexuales.
- Fugas del hogar, que lo enfrentan a situaciones
de pobreza y a buscar medios de subsistencia.
La Fundación Renacer ha aplicado
pruebas presuntivas para infección por VIH a menores
vinculados a prostitución que demuestran prevalencia
de positividad de 15% en niñas y 60% en niños;
por su altísimo consumo de (SPA), sustancias psicoactivas
92% y altas tasas de psicopatologías asociadas, se evidencian
comportamientos de riesgo constantes y de baja responsabilidad
personal. Las entrevistas con algunos de estos niños
indican que pueden tener 15 a 30 contactos sexuales diferentes
por semana, sin emplear metodologías de barrera.
La Secretaría Distrital de Salud de
Santafé de Bogotá, D.C. y la Fundación
Renacer, durante los últimos ocho años han modificado
radicalmente comportamientos asociados con el empleo de condones
entre la población menor vinculada a la prostitución.
Esto se efectuó mediante acciones intensivas y permanentes
de acercamiento directo en la calle, utilizando modelos no
directivos de relaciones de asesoría persona-a-persona,
con una infraestructura que permitió realizar remisiones
hacia una variedad de entidades dedicadas a la atención
en salud y de rehabilitación.
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