Desde mediados de los 80’s se estableció
una relación entre el consumo de sustancias psicoactivas
(SPA) por vía intravenosa y la transmisión efectiva
del VIH. Esta realidad, presentada en múltiples regiones
del mundo ha hecho de la necesidad del control de drogas inyectables,
una prioridad de salud pública asociada al VIH y a
otras infecciones, debido al comportamiento que diversas formas
epidémicas de enfermedad empiezan a tener cuando la
vía parenteral de consumo se populariza; las posibles
epidemias se intersectan y generan un patrón de incidencia
explosivo, en relación con la variable tiempo.
Se ha visto en algunas regiones del mundo que la incidencia
de la infección por VIH puede alcanzar cifras del orden
del 50% al 80% en unos cuantos meses; lo que resulta preocupante
de estas cifras es que los consumidores de sustancias no son
un grupo cerrado, entrando en contacto con el resto de la
población y como resultado de esta interacción
clara e inevitable se desarrolla un puente de transmisión
nítido hacia la población general.
El incremento de estas tasas de incidencia en periodos de
tiempo tan cortos, ha llevado a las autoridades sanitarias
de muchos países a buscar e implementar medidas conducentes
a reducir el impacto que ciertas formas de consumo tienen
en la transmisión del VIH; dado que Colombia tiene
una tendencia a incrementar la producción interna de
heroína, colocándose en uno de los primeros
lugares de ello, resulta del todo importante asumir acciones
en salud que permitan controlar y disminuir el consumo de
estas sustancias, buscando disminuir la incidencia de la infección
por VIH, dentro del grupo de afectados por la utilización
de drogas intravenosas y por ende, contrarrestar el impacto
de la infección por VIH en la población general.
También se ha visto la relación que existe entre
la utilización de sustancias psicoactivas y la sexualidad.
Se altera la intensidad del deseo sexual (desde un marcado
incremento producido por el basuco a una disminución
franca producida en general por los opiáceos y ocasionalmente
por la marihuana) y la misma actividad sexual (incrementada
bien sea a partir del deseo o de la necesidad económica
para consecución de las drogas); por otra parte, la
utilización de psicoactivos tiene una influencia neta
en la no adopción de medidas protectoras, en la pobre
negociación para el uso de métodos de barrera
y en la disminución de la percepción del riesgo
personal.
Además de lo anterior, el consumo de psicoactivos se
encuentra francamente asociado a estilos de vida (tipo de
pareja y clase de encuentros sexuales), a normatividad social
permisiva, sitios de consecución y consumo de drogas,
circunstancias de consumo y factores económicos que
lo influencian. Todos estos elementos pueden asociarse con
un incremento en el riesgo de transmisión del VIH.
En cuanto a las sustancias alcohólicas son percibidas
como un elemento de socialización, como desinhibidor
para facilitar interacciones sociales y conductas sociales
que difícilmente se implementarían "en
sano juicio"; el empleo de bebidas alcohólicas
se encuentra asociado a vida sexual desprotegida, en parte
a dificultades de juicio, asociados con una toma de decisión
racional y lógica, al sentimiento de omnipotencia que
incide en la poca percepción del riesgo.
De acuerdo con los resultados de la encuesta de comportamientos
efectuada durante la campaña de la prueba voluntaria
en 1994, el 80% de los individuos que resultaron seropositivos
para VIH, admitieron tener frecuentemente relaciones sexuales
penetrativas no protegidas, bajo el efecto del alcohol. También
se evidenció la directa relación entre la frecuencia
de prácticas sexuales bajo influencia de sustancias
psicoactivas y la historia de episodios previos de ITS y se
observó una mayor frecuencia de consumo de alcohol
y otras sustancias psicoactivas entre las personas que acudieron
a tomarse la prueba por considerarse en mayor riesgo de adquirir
la infección por VIH. Se requieren más investigaciones
en diferentes marcos socioculturales, que permitan precisar
mejor el tipo de relación existente entre alcohol/vida
sexual en nuestro país.
En resumen:
- Las cifras de estudios nacionales de consumo muestran
una alta ingestión de alcohol entre los colombianos
seguido por marihuana, cocaína y basuco.
- Las cifras de ingestión de heroína/morfina
son bajas, no obstante se ha señalado una tendencia
al aumento.
- Se ha incrementado la producción de heroína
a nivel nacional; esto ha sido señalado como un riesgo
al partir de la base de que la producción local abre
el espacio para el consumo local.
- En relación con el consumo de drogas y el comportamiento
sexual, se ha mostrado más una asociación
que una relación causal.
- El consumo de psicoactivos es sin duda un predisponente
para la adquisición de la infección por VIH
por vía sexual o sanguínea, viéndose
asociado a la prostitución bien sea por el cliente
mismo, por pertenecer a cultura marginal, por facilitar
negociación de encuentro sexual, por disponibilidad,
para sobrellevar condiciones adversas como hambre y/o frío
o por dependencia.
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